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El encuentro

jueves, 10 de julio de 2014

Carmen M. Almenara

Como en un sueño delicioso
al fin siento tus manos, de nuevo
acariciando mi espalda,
tus labios lascivos en los mios,
tu cabello salvaje entre mis dedos...
Nuestros besos, juguetones,
saltan por toda nuestra piel
sin dejar un recodo vacío.
Te mueves, me muevo;
me besas, te beso;
caricias, más besos;
rodamos, el suelo;
la luz del sol de nuevo.
Bailamos sin música,
el cuerpo es el instrumento.

Roto

miércoles, 25 de junio de 2014

Carmen M. Almenara
Se me ha estropeado el tiempo.
Quizás lo estiré demasiado.
Ya no marca los momentos
a la muñeca amarrado.
Ya no escucho su tic-tac
ni acusadoras manillas.
Ya no siento sus minutos,
ni sus horas intranquilas.
Camino por este espacio
con el tiempo arrebatado,
sin ligadura a mi pecho,
sin sus prisas ni codazos.
Se me ha estropeado el tiempo
quizás lo estiré demasiado.
Me liberé de su yugo,
no volveré a ser su esclavo.

"Invisibles"

sábado, 10 de mayo de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Luis era un hombre amable y divertido que solía sentarse en el banco del parque tras salir de trabajar para contemplar a las palomas y gorriones que jugueteaban por allí. A menudo, compraba un paquete de semillas para que las aves le hiciesen compañía y así no sentirse tan solo.
Nadie se fijaba en él, nadie reparaba en el individuo solitario de pantalón vaquero y zapatillas de deporte. No era guapo, pero tampoco era feo, no hacía nada raro, pero tampoco era demasiado normal. Sin embargo, nadie parecía mirarlo. Solo una persona, oculta en su quiosco de golosinas, lo observaba en silencio, tan invisible para el mundo como él. Se trataba de Aurora, una muchacha acomplejada por su aspecto que se escondía del mundo detrás de su mostrador.
Nunca hablaron, nunca se miraron a los ojos, pero ambos deseaban un amor que solo encontrarían en los brazos del otro.
Aurora acababa de cerrar el puesto de chucherías sabiendo que solo era un día más en su monótona vida, pero sentía que había algo distinto en el ambiente, se respiraba la sorpresa. Pensando en su invisible chico de las palomas, miró hacia el banco en el que solía sentarse pero no estaba, se había marchado ya.
Nuestro vagabundo amigo se había ido andando muy despacio como cada día de la semana, con la cabeza rendida por la constante desesperanza. Mas ese día giró la esquina de salida al parque y tropezó con alguien.
- Perdone - Susurró aturdida y sin levantar la mirada una joven.
El desconocido con el que había chocado susurró algo también, su voz sonaba dulce y lejana. Aurora posó sus ojos en él y el tiempo se paró un instante... Era el chico de las palomas, el desconocido invisible que pasaba las tardes en el parque. Luis le cogió la mano y la miró a los ojos.
- ¿Se ha hecho daño?- preguntó con dulzura.
La joven se quedó muda ante la ternura de aquel muchacho. Olvidó contestar y se sonrojó con la más inocente de las sonrisas.
Pasaron charlando horas de mil tonterías, de mil cosas importantes, de todo y de nada. Aquella noche había cumplido con su promesa de sorprender.
Desde entonces, estos dos desconocidos invisibles fueron visibles el uno para el otro por siempre, entre las palomas y el parque.




"Maletas"

viernes, 25 de abril de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Con la maleta vacía, todo ha terminado ya.
Mientras acaba de colocar sus últimas y escasas pertenencias, se da cuenta de todo el cambio a su alrededor: el idioma, la cultura, el sonido de ambiente, el clima, todo le resulta novedoso y, de algún modo, tan familiar como extraño.
Se pregunta, mirándose al espejo sin apenas reconocerse, dónde estarán sus seres queridos, qué estarán haciendo ahora.
Toma el último aliento y vuelve a su antigua normalidad.
- Tal vez diez años de exilio no son demasiado, piensa antes de volver a abrazar a su familia en el salón.

"Sueño"

domingo, 16 de marzo de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Como en un sueño delicioso
al fin siento tus manos, de nuevo,
acariciando mi espalda,
tus labios lascivos en los mios,
tu cabello negro y salvaje entre mis dedos...
Nuestros besos, juguetones,
saltan por toda nuestra piel
sin dejar un recodo vacío.
Te mueves, me muevo;
me besas, te beso;
caricias, más besos;
rodamos, el suelo;
la luz del sol de nuevo.
Bailamos sin música
con el cuerpo como instrumento.

"OZ"

lunes, 3 de marzo de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Un corazón para el hombre de hojalata,
coraje para el león,
sabiduría para espantapájaros
y mi camino de vuelta
hacia ti,
a través del arco iris.
 
Te busco con mis zapatos rojos por
el camino de baldosas amarillas
mientras golpeo tres veces al caminar,
“No hay nada como el hogar”.

"Oferta vs demanda"

domingo, 16 de febrero de 2014

CARMEN M. ALMENARA


Se vende trabajo a cuatro duros
¿Qué cuánto te pago?
No sé... lo dudo...
Para trabajar
siempre hay alguno
y quien a mí más me pague
se lo llevará seguro.
La ley de la oferta,
que va con la demanda.
Muchos quieren trabajar,
pero la pasta es la pasta.
Poderoso caballero
sigue siendo Don Dinero
que ya hasta para ganarlo,
hay que tenerlo primero.

"Son las ocho y cuarenta"

jueves, 6 de febrero de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Son las ocho y cuarenta.
Lo sabe porque lleva mirando el reloj desde hace cuarenta largos y angustiosos minutos. Mira su reflejo y se ve vieja. El tiempo lo arrasa todo.
Nunca pensó que un reloj sería tan importante. Ella, que odiaba mirar esas manecillas estranguladoras, que se sentía encadenada cada vez que tenía que ponerse ese molesto objeto que le ataba las manos y la imaginación.
Había llegado el momento que tanto temía, aquel en que su vida dependería de una máquina implacable.
Hoy todo dependía de ese artilugio diabólico. Hoy recibiría noticias, esas que llevaba esperando días interminables.
- Lo siento, - Responde la voz, tan implacable como el tiempo. – no pudo ser.

"Renuncia"

sábado, 25 de enero de 2014

CARMEN M. ALMENARA

La huella de tu mano clavada en mi espalda intentado detenerme permanecerá imperturbable. Nadie sabrá de su marca. Salvo por esa lágrima maldita, vociferante y amarga que aparecerá en mis ojos cada vez que piense en ti y en todo a lo que he renunciado.
La vida que rechacé frente a la que me he quedado. Sin saber muy bien por qué renuncié a tí, mi secreto mas deseado.

Así rezaba la lápida de un soñador frustrado.

"Microrrelato"



CARMEN M. ALMENARA


La huella de tu mano clavada en mi espalda intentado detenerme permanecerá imperturbable. Nadie sabrá de su marca. Salvo por esa lágrima maldita, vociferante y amarga que aparecerá en mis ojos cada vez que piense en ti y en todo a lo que he renunciado.
La vida que rechacé frente a la que me he quedado, sin saber muy bien por qué renuncié a ti, mi secreto mas deseado.

Así rezaba la lápida de un soñador frustrado.

"Coger un tren"

lunes, 20 de enero de 2014

L.G

CARMEN M. ALMENARA

Qué fácil sería tomarte de la mano
y dejarme llevar. 

Qué fácil y qué difícil a la vez.
Coger el tren que me ofreces
o dejarlo pasar.

Arriesgarme a coger mi propio tren
sin saber a dónde va. 

“Prisas”

domingo, 19 de enero de 2014

CARMEN M. ALMENARA

Son las cinco de la mañana. Como cada día, Sara y Jesús se despiertan al sonar el despertador.

Café con leche, el desayuno de los trabajadores. Con un poco de suerte encontrarán algo que comer más tarde. Ahora el café tendrá que ser suficiente.
Son las siete y todo está listo. Los niños despiertos, desayuno, aseos, broncas, prisas, mochilas, tareas, limpieza, bolsos, bolsas, listas de la compra, prisas otra vez, dinero, maldito dinero, llaves, besos con prisas y la promesa de volver a verse por la noche, cuando todo acabe, cuando todo duerma.

Sara lleva a los niños al colegio. Sus risas y canciones a veces se confunden con sus riñas y enfados.

Son las ocho y media y todos han llegado. Ella, la última a su trabajo. Prisas, pisoteos, huesos molidos, alma partida… Soledad sin tiempo para llantos.

"Crónica de una marcha anunciada"

CARMEN M. ALMENARA

Los que me conocen, más aún los que me conocen de hace tiempo, saben que siempre he pensado que mi futuro profesional no estaba en Córdoba, de hecho, siempre he pensado que estaría fuera de España, pero nunca pensé que llegaría a ser cierto ahora, a mis 28 años y con una circunstancias bastante diferentes a las de cuando me planteaba ese estilo de vida a mis 18 años.

Todo comenzó cuando, aconsejada por mi orientadora laboral, eché el CV en una de las doscientas páginas webs que me indicó , sin olvidar todos los colegios de Córdoba de forma personal, Sevilla, Madrid y provincias varias vía e-mail o por correo ordinario. Todo ello, he de decir, sin demasiadas esperanzas.

Fue a través de una oferta de monitora de campamentos en Reino unido que no cuajó, pero me llamaron por teléfono para ver si estaba interesada. Lo cierto es que ni siquiera había mirado la oferta por que me pasaba en la edad, ya que como muchas otras ofertas era para menores de 25, y en el tiempo de finalización de mi carrera, pero me dijeron que lo intentase y me dejé llevar.

Enviaron mi curriculum a una empresa de contratación y conseguí pasar los cortes de curriculum, de forma que me quedé finalista con otras dos chicas para hacer la entrevista por Skype en inglés con los profesores de allí para una oferta de asistente de profesora de español, lo que viene siento, profesora de conversación de español. Al finalizar nos despedimos y todo muy agradable. Lo cierto es que cuanto más lo pensaba más fallos me veía, pero al final,  me avisaron de que finalmente había sido la elegida.

Me fui trabajando sólo dos días a la semana, en un colegio de niñas en Londres. Sabía que no iba a ser fácil y que tendría que buscar trabajo en cuanto llegase, pero era una oportunidad que no podía dejar pasar.

De modo que, con un nudo en la garganta y con muchísimo miedo, pero también con muchas ganas de saliese bien, di de nuevo las gracias a mi familia, a mis amigos y a mi pareja por estar siempre ahí y me marché.

Decidí irme pese a mi familia, aunque sabía que me necesitaba; pese a mis amigos y amigas, que me hacían sentir valiosa; y pese a mi pareja, quien siempre me apoyó, me recordó que seguía viva, que era importante sin importar dónde estuviéramos. Decidí irme pese a lo muchísimo que los quiero, todo lo que los echo de menos y lo cuantísimo que me hacen falta. Y todo por la esperanza de poder construirme un futuro mejor, que no un futuro asegurado.

Cuando llegué aquí esperaba encontrar algún trabajo rápidamente, sin tener que buscar mucho, como profesora de español. Así que mandé cientos de CVs a las escuelas y academias, pero casi todas las respuestas eran negativas o nulas. Lo cierto es que me costó mucho encontrar algún trabajo más, además, la vida aquí es muy cara (alojamiento, comida y, sobre todo, transporte) y, aunque en el colegio gano bien por hora, al principio tenía muy pocas horas y ni siquiera sabía si conseguiría más empleo, por suerte, al cabo de un mes y medio de búsqueda incansable y desesperante,  empecé a tener más trabajo en el colegio y encontré algunas clases particulares para sobrevivir. 

Se puede decir que soy una persona con suerte o que me gusta pensar en positivo, por eso recuerdo más las experiencias positivas, como la primera vez que fui al banco y me encontré con el cajero, que era español, la satisfacción de entender al chico del banco cuando abrí la cuenta, el señor amable que me indicó el primer día dónde bajarme del autobús para coger el metro, el tutor de la primera academia de español que, aunque no me escogió para trabajar, me indicó, como elaborar mejor mi CV, lo maravilloso que fue dar mis primeras clases, el que me ampliasen las horas de trabajo o la satisfacción de saber que el colegio me quería y los estudiantes estaban felices conmigo. Pero en particular, la entrevista que realicé para un trabajo de una semana en un colegio bilingüe (Inglés-Francés), la acogida tan cálida de la directora que me explicó todo perfectamente y me contó cómo había hecho realidad su sueño, que en realidad es el mío y espero, algún día, cumplirlo, crear su propio colegio, pequeño, acogedor, aconfesional y libre.

Tengo la suerte de no tener muchas experiencias negativas, pero recuerdo lo mal que me sentí la primera vez que me llamaron de un trabajo por teléfono en inglés para hacer una mini-entrevista previa, que no pasé porque no entendía nada, o al hacer las prácticas en Sub Way, no porque se tratase de un local de comida rápida, sino por estar haciendo un trabajo para el que no me sentía preparada, intentar aprender inglés, hacer la comida en cadena, escuchar a los clientes y a mi gerente, que hablaba rápido y me pedía que yo fuese más rápida aún al trabajar. Me sentía tan tremendamente inútil que salía sin ganas de comer o de sonreír, tan sólo quería volver a casa y quitarme ese olor a salsas que aún me revuelve el estómago.


En el extranjero no todo es tan fácil como aparece en ciertos programas de televisión, necesitas dominar el idioma, conocer sus costumbres para no estrellarte contra la pared y trabajar mucho y muy duro desde el principio, pero la sensación de soledad y de indefensión es lo peor. Por suerte, siempre hay gente dispuesta a ayudarte, inmigrantes que llevan más tiempo que tú o hijos de inmigrantes que conocen los sentimientos. Además de personas maravillosas que te hacen recordar que puedes encontrar una familia allá donde vayas.